
miércoles, 21 de septiembre de 2011
UNIDAD TEMÁTICA ÉTICA TERCER TRIMESTRE GRADO DÉCIMO

UNIDAD TEMÁTICA TERCER TRIMESTRE GRADO UNDÉCIMO
UNIDAD TEMÁTICA TERCER TRIMESTRE GRADO DÉCIMO
TEXTO PARA EL TRABAJO EN CLASE GRADOS DÉCIMO Y UNDÉCIMO
lunes, 13 de junio de 2011
GUÍA TEMÁTICA. EJERCICIOS DE LÓGICA PROPOSICIONAL GRADO DÉCIMO
UNIDAD TEMÁTICA ÉTICA SEGUNDO TRIMESTRE
UNIDAD TEMÁTICA SEGUNDO TRIMESTRE GRADO DÉCIMO
UNIDAD TEMÁTICA GRADO UNDÉCIMO SEGUNDO TRIMESTRE
ACTIVIDAD RESEÑA GRADO DÉCIMO SEMANA JUNIO 13 A 17 DE 2011
Filosofía significa “amor a la sabiduría”.
Pues vaya.
Seguramente hasta ahora no te has topado con ninguna asignatura a la que se te pide que le tengas cariño. Las matemáticas son matemáticas, no “amor a los números”; no existe la asignatura de “amor a la literatura”, sino simple y llanamente literatura. Y en química se estudia la tabla periódica, sin que a nadie le importe si el estudiante o el químico tienen aprecio por los elementos alcalinos. Nos encontramos ahora con una disciplina que consiste en “amar la sabiduría”. Más bien promete ser lo contrario, y es posible que acabemos odiando a la dichosa sabiduría esa, y nos convirtamos en fobósofos, en lugar de filósofos. Al fin y al cabo, podemos decir, “yo quiero a quien me viene en gana y a lo que me da la gana. ¿Está claro?”.
Parece que no ha sido un buen comienzo. Vamos a intentarlo de otra forma.
¿Qué eso de la “Filosofía”? O por lo menos ¿qué es eso de “sabiduría”?, porque no parece fácil que pueda tener ningún aprecio a algo que no conozco en absoluto. ¿Ser filósofo es ser sabio? ¿Es conocer de memoria todas las respuestas que puedan hacer en cualquier concurso de televisión? ¿Ser el rey del trivial? ¿No fallar nunca ninguna pregunta en ningún examen? Basta de preguntas, y vamos a intentar dar alguna respuesta. Podríamos decir que la dichosa Filosofía de la que estamos hablando es algo así como una modo distinto de ver las cosas, una manera diferente de ver la realidad. No como algo normal, sino como algo asombroso, tan asombroso como el mundo de los cuentos, en el que todo es extraordinario y puede uno cruzarse con un conejo que va hablando (como en “Alicia en el país de las maravillas”) o con calabazas que se convierten en carrozas, o... O a lo mejor se descubre que es un mundo de magia, en el que las cosas son así pero podrían ser de otra forma, y no todo el mundo se da cuenta de ello (somos capaces de acostumbrarnos a cualquier cosa), y por eso existen los muggles y los magos (Harry Potter).
También cabe que haya quien descubra que a lo mejor las cosas no son tan maravillosas como estamos diciendo, sino que a lo mejor estamos en un mundo que es una trampa, en el que nos están engañando de alguna forma, tal y como descubre el protagonista de Matrix (que reproduce el problema que se plantea ya el Mito de la Caverna, La vida es sueño, Descartes y su “demiurgo maligno”, el de 1984, el de...)
Pues bien, tanto unos como otros tienen en común que no se conforman con ver lo que todo el mundo ve, o con verlo como todo el mundo. Son capaces (desde Harry Potter hasta el fulano de Matrix) de “asombrarse” ante la realidad. Lo que para otros es normal, para ellos es asombroso, bien porque sea algo mágico o maravilloso, o bien porque no “se fían” sin más de lo que los demás se fían. “Pero eso sucede sólo en los cuentos o en las películas." Eso es lo que diría cualquier smugle, o cualquier “conectado a Matrix”.
En realidad, todos hemos tenido esta capacidad de asombro en nuestra infancia. Los niños miran todo con asombro, hasta su propio pie. Nada les parece rutinario o aburrido, al menos mientras son suficientemente pequeños. Todo es sorprendente para un niño: un perro, una cafetera, que las cosas se caigan al suelo, una luz... Por eso los niños viven en una continua interrogación (¿por qué esto?, ¿por qué lo otro?), que poco a poco van perdiendo, quizá debido a que siempre se les responde con un “porque sí”, que termina por aburrirles y hacerles creer que las cosas son así porque es de buena educación que sean así. En esa situación sólo resulta asombroso lo aparente.
Pero no sólo los niños son capaces de asombrarse. Lo propio de los científicos, de los grandes sabios, es mirar con asombro lo que los demás ven y contemplan como lo más natural del mundo. La leyenda de Newton y la manzana es muy ilustrativa al respecto, pues a lo largo de la humanidad miles y miles de manzanas han golpeado a los incautos paseantes que se tumbaban al pie de sus árboles, pero a casi ninguno de ellos se le ocurrió asombrarse ante ese hecho. Pero mientras que la mayoría sólo fue capaz de obtener de ese golpe nada más que un chichón (y una manzana), Newton -según la leyenda- empezó a reflexionar sobre la gravitación universal. Pues bien, esta misma actitud, ese modo de ver las cosas con un asombro que nos lleva a preguntarnos su porqué es algo propio de los filósofos.
Es preciso hacer una aclaración importante: no es lo mismo el asombro (a veces también se llama admiración: “quedarse admirado o asombrado de algo”) que el estupor. El asombro es propio de los sabios, de los niños, de artistas, de los que no tienen una mirada rutinaria del mundo; el estupor es lo que define al estúpido. El estupor abunda y el asombro escasea, y hay que saber distinguirlos, pues uno y otro podrían parecer lo mismo a los ojos de muchos.
Ambos, el asombro y el estupor se producen ante algo que nos supera, que sentimos que se nos escapa de alguna forma. Cuando estamos asombrados de algo o ante algo nos preguntamos ¿cómo es posible que...? O ¿por qué...? Nos encantaría saber más de lo que estamos viendo, porque sabemos que hay más (como decíamos antes, lo mágico o misterioso que existe en las cosas) y vale la pena descubrirlo. Pero el estupor no tienen nada que ver con esto. El estupefacto se halla igualmente con algo que le supera, que siente que se le escapa; se encuentra boquiabierto ante una pizarra llena de números o de palabras que le resultan ininteligibles... pero no quiere saber nada de eso. Le supera y no le interesa: no hay quien lo entienda. Posiblemente todos hemos estado estupefactos alguna vez (tal vez muchas).
Cuando decimos “eso no hay quien lo entienda”, con frecuencia lo que queremos decir es que hemos perdido todo interés o toda esperanza en llegar a entender eso que no entendemos. Nos volvemos sordos a cualquier explicación que nos puedan hacer. Estamos a veces estupefactos en alguna asignatura ante algún tema que no nos ha entrado bien. No nos preguntamos ¿cómo es posible eso?, sino algo así como “muy bien, no lo entiendo: dime qué tengo que poner en el examen, qué operación he de hacer, cuál es el truco....” Y ya está.
Quien está asombrado busca, tiene esperanzas y empeño por encontrar, aunque sea difícil (les lleva a saber más, aunque nunca acaben de saber del todo: de hecho cada vez están más convencidos de que saben menos, pues a medida que avanzan no paran de descubrir cosas asombrosas). El estupefacto no busca, carece de empeño o interés por encontrar y acaba refugiándose en las reglas de lo que sabe hacer, cosas repetitivas que no le planteen problemas. Si no se sale habitualmente del estupor se acaba siendo un estúpido, que es una forma de ignorancia. Se deja de ver que haya algo “extraño” en las cosas: las cosas son así, y ya está: “¡Las manzanas caen al suelo, porque sí, no hay más que averiguar!”, le hubiera dicho un ignorante a Newton. Con frecuencia quien es ignorante desprecia al sabio.
El ignorante suele pensar que ya lo sabe todo, o al menos que ya sabe todo lo que vale la pena, y por eso no busca. El verdadero sabio, en cambio, sabe que no sabe: se da cuenta de que es mucho más lo que no sabe, que hay mucho más por saber, y por eso puede seguir buscando. Evidentemente, algo sabe, ya que si no sería un mero ignorante; pero no sabe del todo. Por eso los sabios suelen considerarse filósofos, amantes de la sabiduría. El estúpido o el ignorante tiene a veces la apariencia de “experto”, que en el sentido malo de la expresión es aquel que sabe unas cuantas técnicas y desprecia lo demás. Es más cómodo y se siente más seguro.
Nos hemos ido por las ramas. Hasta ahora hemos hablado de que se puede ver el mundo con asombro o con rutina (el estupor acaba en rutina). El asombro es una de los requisitos de la filosofía. Pero no es el único, pues también los físicos, los matemáticos, los historiadores, etc., se asombran y no se llama filosofía estrictamente a lo que ellos hacen. ¿Qué es, pues, lo propio de la Filosofía? La filosofía se caracteriza por dos cosas más: reflexiona (se admira) sobre cualquier aspecto de lo real, incluso sobre toda la realidad en su conjunto, mientras que las otras ciencias se ocupan únicamente de un aspecto de la realidad (la química, la física, etc. se ocupan de un objeto muy concreto cada una de ellas). Y además lo hace desde un punto de vista exclusivamente suyo: las últimas causas. ¿Últimas causas? Se ve que es urgente poner un ejemplo.
¿Qué es lo que, en el fondo soy yo? Esta es una de las preguntas filosóficas por excelencia. Nace de un asombro, de vernos distintos al mundo que nos rodea, a los geranios que tenemos en el balcón, a nuestro querido perro, al microondas... O a lo mejor no somos tan distintos, se nos ocurre pensar, pues al fin y al cabo dicen que todos los seres vivos somos primos más o menos lejanos; y las máquinas son cada vez más perfectas, y estamos hartos de ver películas en las que los robots son iguales o mejores que los humanos. ¿Qué somos? ¿Qué es lo que, en el fondo nos distingue de los demás seres?
¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Estamos asombrados, y supongamos que, para no caer en el estupor (¡después de todo lo que hemos dicho!), consultamos a diversos científicos, para que nos orienten desde el punto de vista de su especialidad. ¿Qué somos? Un químico nos podría decir que para su ciencia no somos más que unos cuantos litros de agua, carbono, potasio, sodio, y algunas cosas por el estilo. La química no nos dice nada más. La medicina responderá que estamos sanos, o bien que somos un paciente aquejado de tal enfermedad; pero está claro que para responder a las preguntas que nos estábamos planteando no basta con decir que somos unos individuos sanos (o que tenemos el colesterol un poco alto), aunque eso sea cierto. Si cayéramos en un laboratorio de física, y se nos sometiera allí a un estudio pormenorizado, el instrumental podría facilitar cierta información acerca de nosotros mismos, como nuestra masa, temperatura, la velocidad de nuestro movimiento, la respuesta de nuestro cuerpo a las radiaciones, etc.
Todas estas afirmaciones de las distintas ciencias son ciertas, pero insuficientes. Son ciertas, pues es innegable que estoy sano, peso setenta kilos, tengo una cantidad de sodio en mi cuerpo... Pero yo no soy eso; al menos, no lo soy sin más.
En conclusión, las ciencias se fijan en determinados aspectos de la realidad, pero no llegan, por así decir, al fondo último de las cosas. No llegan al fondo último de las cosas, ni pretenden llegar, porque no es esa su misión. Esto es lo que queríamos decir cuando afirmábamos que la Filosofía busca “las últimas causas”.
La radicalidad, el interés por el qué es en último término algo, y no meramente cómo funciona, o cómo se desarrolla, la pregunta por el porqué último de las cosas es lo que diferencia una pregunta filosófica de las preguntas de las demás ciencias.
Pero además hay aún otra diferencia: y es que podemos “filosofar” sobre cualquier aspecto de la realidad. No tenemos por qué ceñirnos al mundo de las transformaciones de unas sustancias en otras, como hace la química, o al cómo lograr la salud del cuerpo humano, o a las alteraciones genéticas, o...
Podemos plantearnos preguntas filosóficas sobre cualquier aspecto de la realidad, y preguntarnos qué es, en último término el hombre, qué es el conocimiento y si podemos decir que un animal o una máquina conocen, qué nos distingue de estos seres, de los animales y de las máquinas, etc. Es más, podemos también preguntarnos no sólo por un aspecto de la realidad (por el hombre, por los seres vivos, por si existe algo distinto a la realidad material que percibimos,...) sino que también podemos preguntarnos por toda la realidad a la vez.
Podríamos, por ejemplo, preguntarnos que por qué hay seres y no más bien la nada: es decir si el mundo requiere una causa que lo explique o bien se basta a sí mismo y no necesita más explicaciones. O también nos podemos plantear si la realidad es tal y como la percibimos, o si estamos sumidos en un sueño, un engaño o una manipulación. Podemos plantearnos si existe alguna verdad, algo de lo que podamos estar completamente seguros, si podemos descubrir cuál es el sentido de nuestra vida, pues hay quien dice que carece de él.... Aunque puedan sonar a preguntas un tanto curiosas, son cuestiones que lleva el ser humano consigo. Preguntas por el sentido y la totalidad de la vida.
Que nos planteemos estas cuestiones no nos garantiza que las vayamos a responder. Tal vez obtengamos respuestas que nos traerán nuevas preguntas, No hay “aparatos de filosofar”, no existen los “termómetros de filosofía”. Si eso fuera posible, muchas de las tareas filosóficas serian relativamente más sencillas. Pero hay muchas cosas que no se pueden encerrar en un laboratorio (recuerda el ejemplo del beso) y no por eso son menos importantes o menos reales. Más bien quiere decir que el microscopio tiene un límite, y hay aspectos de nuestra vida que no se resuelven con ecuaciones.
Recapitulando: hemos visto que la filosofía es un conocimiento sobre cualquier aspecto de la realidad por sus últimas causas. Para filosofar, como para realizar cualquier tarea científica, es necesaria la admiración: no conformarnos con lo que aparece de la realidad, descubrir lo asombroso que es que las cosas sean tal y como son.
¿Cómo realizar la reseña reconstructiva
Identifique:
El Objetivo
El objetivo es la meta general que el texto se propone alcanzar. Su formulación suele estar asociada al uso de un verbo en infinitivo (por ejemplo: entender, aclarar, argumentar, explicar, explorar, convencer, indagar, precisar, investigar, etc).
El objetivo indica el debate amplio en el cual se enmarca el texto. Por eso, no se limite a decir que el objetivo de un texto es demostrar la tesis central. Si bien esto es cierto, pierde de vista el objetivo central del autor. En Sobre las revoluciones de los orbes celestes, Copérnico no pretendía simplemente demostrar la tesis: “La tierra gira alrededor del sol”; quería explicar racionalmente el funcionamiento del cosmos. Cuando identifique el objetivo de un texto, fíjese entonces que la formulación haga explícito el debate amplio en el cual su autor participa.
La Tesis Central
Una tesis es una afirmación que puede ser probada o refutada. Su formulación corresponde siempre a una frase que describe o explica un estado de cosas y que, por lo tanto, es susceptible de ser verdadera o falsa. Si no cumple esta condición, no es una tesis. Justamente porque su validez está en juego, toda tesis requiere una argumentación que la pruebe o la refute. La tesis central es la afirmación principal que el autor quiere probar o refutar a lo largo del texto.
Como los textos suelen tener diferentes tesis articuladas entre sí, para identificar la tesis central hace falta distinguirla de las tesis subordinadas. Estas últimas son todas aquellas tesis que sólo contribuyen de manera parcial o secundaria a la demostración o refutación de la tesis central. Antes de escribir la reseña haga una lista de las diferentes tesis planteadas en el texto y establezca cuál de ellas recoge los aportes de las demás y sintetiza la idea clave que el texto quiere transmitir; con ello habrá identificado la tesis central.
Los Argumentos
Los argumentos son las razones que el autor esgrime para demostrar su tesis. En la reseña no se enumeran todos los argumentos del texto; basta con identificar los argumentos principales (aquellos que prueban o refutan la tesis central) y señalar el hilo conductor que los articula. Es frecuente que el objetivo y la tesis central no sean formulados explícitamente por el autor del texto (esto sucede casi siempre en los textos literarios). En estos casos, examine los argumentos principales y pregúntese: ¿qué pretenden demostrar? ¿A qué fin se orientan? Analice también el título del texto, ya que éste ofrece claves importantes. Estas estrategias le facilitarán el trabajo de deducir el objetivo y la tesis central implícitos en el texto.
La reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis propia
La comprensión de un texto no se agota en entender lo que quiere decir y cómo lo dice: es igualmente importante precisar las inquietudes, problemas y horizontes de trabajo que surgen a partir de la lectura. Esto se logra haciendo una evaluación crítica del texto. En la reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis Ud. pone por escrito su evaluación del texto y muestra cómo de ella se deriva una pregunta o hipótesis propia relevante.
La pregunta o hipótesis es relevante si ilumina los vacíos e insuficiencias del texto o si explora sus aciertos desde un punto de vista no desarrollado o no previsto por el autor. Esto implica que las preguntas o hipótesis no surgen de la nada. Cuando preguntamos algo es porque tenemos razones que motivan la pregunta; cuando formulamos una hipótesis es porque existen razones para creer en su plausibilidad. Por eso en esta parte de la reseña no basta con formular la pregunta o hipótesis; es preciso explicarle al lector las razones que sustentan la formulación. Raras veces una buena hipótesis o pregunta propia se nutre de la lectura de un solo texto. Recuerde que los textos son complejos y están conectados con la realidad, que es más compleja aún. Por eso es esencial que, además del texto asignado, consulte otros textos y acuda a otras fuentes que amplíen su visión del asunto.
jueves, 9 de junio de 2011
ACTIVIDAD GRADO UNDÉCIMO JUNIO 10

ACTIVIDAD GRADO UNDÉCIMO
Realizar una reseña reconstructiva del siguiente texto, con las indicaciones que aparecen al final.
LA CAPACIDAD INNOVADORA DEL SER HUMANO
Pero la inteligencia humana no tiene esa limitación. Puede conocer la realidad bajo ilimitados aspectos. No se encuentra con ese tipo de restricciones, pues su conocimiento es, de alguna forma, “creativo”. No conoce lo que afecta los sentidos y únicamente en la medida en que los afecta, sino que, de alguna manera, es capaz de “fabricar” lo que conoce (hemos visto que lo ilumina la abstracción a partir, eso sí, de lo que los sentidos nos suministran), y de una misma realidad sacar muchos conocimientos posibles.
De aquí proviene la capacidad del hombre de solucionar problemas. Un animal tiene ya establecidas sus opciones, sus recursos, y el modo de resolver los problemas. Si aparece un problema no previsto (un cambio de clima, un nuevo depredador), no sabe qué hacer. Sus soluciones son rígidas. Un caso claro de esta rigidez es la estrategia que siguen las ardillas para enterrar los frutos que les sobran: buscan un lugar adecuado y excavan en la tierra, hacen un agujero, depositan el alimento y lo recubren aplanándolo con sus patas delanteras. Pues bien, esa misma conducta es la que hacen cuando el suelo no es de tierra. Si una ardilla está en el interior de una casa y se le da más comida cuando ya esté saciada, repetirá la operación de excavar, aunque no podrá hacer un agujero, pues es demasiado dura. Pero a la ardilla eso le da igual: hace el gesto con sus patas de excavar (no hace el agujero), luego deposita la semilla, hace como si lo cubriera con tierra... y se va. Se puede decir que para ella ya está “oficialmente enterrada”, ha hecho lo que estaba previsto.
La inteligencia, en cambio, en la medida en que es creativa (su objeto no está ahí dado, esperando que llegue alguien y lo coja), es inventiva. En los experimentos que antes citábamos, decíamos que el animal no ve la relación tabla-hacha, porque eso es algo que no se puede ver. Cuando el hombre inventa la flecha para cazar pájaros, se puede decir que hay una “creación” (un acto de creatividad), porque el palo no dice nada de su posibilidad de ser convertido en flecha: de ahí que no sea tan fácil realizar un invento. En el caso de los animales, las cosas “están rotuladas”, llevan escritas en su exterior sus posibles utilidades: el lobo puede leer “quita el hambre” en la oveja, el alimoche “lee” las piedras como “para comer”, pues sirven para romper el huevo de avestruz; etc.
Pero al hombre las cosas le dicen muy poco (su dotación instintiva es muy débil), y más que rótulos en las cosas, lleva un rotulador, que es su inteligencia creativa: pone nombres, crea nuevas relaciones...
Por eso los animales de la misma especie hacen siempre las cosas de la misma manera (como muestra el citado experimento del alimoche). En cambio, en el caso del hombre, hay evolución en las técnicas en el modo de hacer las cosas...Precisamente por estar abierto a la realidad, el hombre está abierto al futuro. Es decir, el hombre en las cosas descubre oportunidades (y eso hace referencia al futuro). En cambio el animal sólo está abierto al presente, a lo que hay: por eso no puede descubrir oportunidades sino amenazas, ya que, en cuanto se altere la realidad “que sabe leer”, no se le ocurrirá nada nuevo (como a la ardilla), pues “carece de rotulador”: ante un cambio de la realidad, tiene que adaptar su organismo (evoluciona) o desaparecer, si el cambio que se ha producido es muy brusco. Por eso no hay una historia del animal: existe una historia de los animales, que es la sucesión de especies en la línea evolutiva, que es el relato de los animales que han dejado de “tener presente”.
En cambio el hombre es histórico, tiene historia, progresa, cambia, inventa, pues no está únicamente abierto a lo que hay, sino a lo que no hay también (a lo que aún no existe). Se puede decir que el hombre es el único animal que progresa, que no necesita evolucionar.
Por eso los genios no se pueden “programar”. Si se pudiera saber cuándo va a aparecer el que resuelva un determinado problema, el problema sería bastante sencillo: consistiría en una mera cuestión de análisis, porque la solución ya estaba ahí. Pero cuando la solución no está dada...
¿Cómo realizar la reseña reconstructiva?
Identifique:
El Objetivo
El objetivo es la meta general que el texto se propone alcanzar. Su formulación suele estar asociada al uso de un verbo en infinitivo (por ejemplo: entender, aclarar, argumentar, explicar, explorar, convencer, indagar, precisar, investigar, etc).
El objetivo indica el debate amplio en el cual se enmarca el texto. Por eso, no se limite a decir que el objetivo de un texto es demostrar la tesis central. Si bien esto es cierto, pierde de vista el objetivo central del autor. En Sobre las revoluciones de los orbes celestes, Copérnico no pretendía simplemente demostrar la tesis: “La tierra gira alrededor del sol”; quería explicar racionalmente el funcionamiento del cosmos. Cuando identifique el objetivo de un texto, fíjese entonces que la formulación haga explícito el debate amplio en el cual su autor participa.
La Tesis Central
Una tesis es una afirmación que puede ser probada o refutada. Su formulación corresponde siempre a una frase que describe o explica un estado de cosas y que, por lo tanto, es susceptible de ser verdadera o falsa. Si no cumple esta condición, no es una tesis. Justamente porque su validez está en juego, toda tesis requiere una argumentación que la pruebe o la refute. La tesis central es la afirmación principal que el autor quiere probar o refutar a lo largo del texto.
Como los textos suelen tener diferentes tesis articuladas entre sí, para identificar la tesis central hace falta distinguirla de las tesis subordinadas. Estas últimas son todas aquellas tesis que sólo contribuyen de manera parcial o secundaria a la demostración o refutación de la tesis central. Antes de escribir la reseña haga una lista de las diferentes tesis planteadas en el texto y establezca cuál de ellas recoge los aportes de las demás y sintetiza la idea clave que el texto quiere transmitir; con ello habrá identificado la tesis central.
Los Argumentos
Los argumentos son las razones que el autor esgrime para demostrar su tesis. En la reseña no se enumeran todos los argumentos del texto; basta con identificar los argumentos principales (aquellos que prueban o refutan la tesis central) y señalar el hilo conductor que los articula. Es frecuente que el objetivo y la tesis central no sean formulados explícitamente por el autor del texto (esto sucede casi siempre en los textos literarios). En estos casos, examine los argumentos principales y pregúntese: ¿qué pretenden demostrar? ¿A qué fin se orientan? Analice también el título del texto, ya que éste ofrece claves importantes. Estas estrategias le facilitarán el trabajo de deducir el objetivo y la tesis central implícitos en el texto.
La reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis propia
La comprensión de un texto no se agota en entender lo que quiere decir y cómo lo dice: es igualmente importante precisar las inquietudes, problemas y horizontes de trabajo que surgen a partir de la lectura. Esto se logra haciendo una evaluación crítica del texto. En la reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis Ud. pone por escrito su evaluación del texto y muestra cómo de ella se deriva una pregunta o hipótesis propia relevante.
La pregunta o hipótesis es relevante si ilumina los vacíos e insuficiencias del texto o si explora sus aciertos desde un punto de vista no desarrollado o no previsto por el autor. Esto implica que las preguntas o hipótesis no surgen de la nada. Cuando preguntamos algo es porque tenemos razones que motivan la pregunta; cuando formulamos una hipótesis es porque existen razones para creer en su plausibilidad. Por eso en esta parte de la reseña no basta con formular la pregunta o hipótesis; es preciso explicarle al lector las razones que sustentan la formulación. Raras veces una buena hipótesis o pregunta propia se nutre de la lectura de un solo texto. Recuerde que los textos son complejos y están conectados con la realidad, que es más compleja aún. Por eso es esencial que, además del texto asignado, consulte otros textos y acuda a otras fuentes que amplíen su visión del asunto.
martes, 12 de abril de 2011
ACTIVIDAD, QUÉ ES FILOSOFÍA. GRADO DÉCIMO
TALLER GRADO DÉCIMO, EL POEMA DE PARMÉNIDES
1,1 Los caballos que me arrastran, tan lejos como el ánimo deseaba, me han acompañado, cuando me condujeron guiándome al famoso camino de la Diosa que lleva al mortal vidente a través de todas las ciudades. Por él era conducido, pues por él llevaban los hábiles caballos que tiraban del carro, mientras unas doncellas mostraban el camino. En los cubos y rechinando con estridente silbido el eje ardia (pues lo aceleraban en vertiginoso remolino dos ruedas, una por cada lado), cuando aumentaron la velocidad las jóvenes Helíades, marchando desde la morada de la Noche 1,10 hacia la Luz, quitándome los velos de la cabeza. Allí están las puertas de los caminos de la Noche y el Día, que sostienen arriba y abajo un dintel y un umbral de piedra. Elevadas en el aire se cierran con ingentes hojas. La Justicia pródiga en castigos guarda sus llaves de doble uso. 1,15 Las persuasivas jóvenes con suaves palabras la convencen hábilmente de que para ellas el travesaño de férrea piña quite pronto de las puertas. Volanderas crearon al abrirse un inmenso abismo vacío entre sus batientes cubiertos de bronce que giraron uno tras otro sobre sus goznes, 1,20 provistos de bisagras y pernos. A través de ellas las doncellas condujeron rectamente el carro y los caballos sobre el ancho camino. Y la Diosa me acogió con afecto ; la mano derecha con la suya tomó y me dirigió la pa1abra diciéndome: “Oh joven, compañero de inmortales conductores, 1,25 tú que llegas a nuestra morada con caballos que te arrastran, salud, pues no es un mal hado el que te ha inducido a seguir este camino (que está apartado del sendero de los hombres), sino el derecho y la justicia. Es preciso que conozcas todo, tanto el corazón imperturbable de la verdad bien redonda, 1,30 como las opiniones de los mortales, en las cuales no se halla la verdadera creencia. Pero aprenderás también estas cosas, cómo las apariencias ha sido necesario que sean probablemente, extendiéndose todo a través de todo. 2,1 Pues bien, te contaré (tú escucha y recuerda el relato) cuáles son las únicas vías de investigación que son pensables: La primera, que Es y no es No-ser, es la vía de la creencia (pues sigue a la Verdad), 2,5 La otra, que no es y es No-ser, ésta, te lo aseguro, es una vía impracticable. Pues no conocerás lo No-ente (ello es imposible) ni lo expresarás. 3,1 Pues lo mismo es el pensar que el Ser. 4,1 Mira cómo lo lejano se hace firmemente presente al pensamiento. Pues éste no separará lo Ente con lo unido, dispersándolo por todas partes totalmente según el orden del universo, ni reuniéndolo. 5,1 Igual es para mí por dónde comience. Pues allí mismo tendré que volver de nuevo. 6,1 Es necesario decir y pensar que lo Ente es; pues es el Ser, pero la Nada no es; te ordeno que consideres esto. Te aparto, pues, de esta primera vía de investigación, así como de aquella por la que los mortales ignorantes 6,5 andan errantes, bicéfalos ; pues la incapacidad en su pecho guía el pensamiento vacilante ; son arrastrados, como sordos y mudos, estupefactos, gentes sin juicio para las que el Ser y el No-ser son considerados como lo mismo y no lo mismo, para quienes el camino de todas las cosas marcha en direcciones opuestas. 7,1 Pues nunca será conseguido esto, que sean los no-entes ; pero aparta tu pensamiento de esta vía de investigación ; y no te obligue a marchar por esta vía la costumbre tantas veces practicada, excitando la marcha vacilante, el oído que zumba 7,5 y la lengua ; juzga con el pensamiento la prueba muy discutida propuesta por mí. 8,1 Sólo un discurso como vía queda: Es. En éste hay signos múltiples de que lo Ente es ingénito e imperecedero, pues es completo, imperturbable y sin fin. 8,5 No ha sido ni será en cierto momento, pues ahora es todo a la vez uno, continuo. Pues ¿qué nacimiento le buscarías? ¿cómo, de dónde habría nacido? Ni de lo no-ente permitiré que digas o pienses ; pues ni expresable ni concebible es que no es. Pues, ¿que necesidad a nacer 8,10 antes o después le impulsaría si procediese de la Nada? Así, es necesario que sea absolutamente o no. Pero tampoco permitirá la fuerza de la Verdad que a lo No-ente nazca algo a su lado. Por ello ni que se engendre ni que perezca permite la justicia relajando las cadenas, 8,15 sino que las mantiene firmes. El juicio sobre ello en este respecto es: Es o no es. Pero se ha decidido, como era de necesidad, que [una vía] era inexpresable o impensable - pues de la Verdad no es vía, en vista de que la otra avanza y es verdadera. ¿Cómo podría perecer entonces lo Ente? ¿Cómo podría nacer? 8,20 Pues si no ha nacido no es, ni si ha de ser alguna vez ; por tanto, queda extinguido el nacimiento e ignorada la destrucción. Ni está dividido pues todo es igual. Ni es más [aquí], pues ello impediría que fuera todo continuo, ni menos [allí], pues todo está lleno de Ente. 8,25 Por tanto, es todo continuo, pues lo Ente toca a lo Ente. Por otra parte, inmóvil en los límites de poderosas cadenas, está sin comienzo ni fin, pues el nacimiento y la destrucción han sido apartados muy lejos, ya que la verdadera creencia los rechazó. Ello mismo en lo mismo permanece, yace sobre sí mismo 8,30 y así residirá inmutable allí mismo ; pues la firme Necesidad lo tiene en cadenas envolventes, lo aprisiona por todas partes. Por ello no es licito que lo Ente sea infinito (¿FINITO?). Pues no es indigente de nada ; mientras que no siéndolo carecería de todo. Lo mismo es el pensar y aquello por lo que es pensamiento. 8,35 Pues no sin lo Ente, con respecto al cual es expresado, hallarás el pensar ; ya que no ha sido ni es ni será otro al lado de lo Ente, puesto que el Hado lo ha encadenado para que permanezca apartado e inmóvil. Por tanto todas las cosas serán nombres que los mortales pusieron convencidos de que son verdad, 8,40 nacer y morir, ser y no ser, cambio de lugar y alteración del color que resplandece. Pero, puesto que su límite es el último, es completo por doquier, semejante a la masa de una esfera bien redonda, igual en fuerza a partir del centro por todas partes. Pues ni mayor 8,45 ni menor es necesario que sea aquí o allí. Ya que ni es lo No-ente, de forma tal que lo impidiese ser homogéneo, ni un Ente que tuviese de Ente aquí mas, allá menos, pues es todo inviolable. Puesto que es igual en todas las direcciones, alcanza de igual manera sus limites. 8,50 Con esto cierro para ti el fidedigno discurso y pensamiento sobre la verdad. A partir de aquí las opiniones mortales aprende escuchando el orden engañoso de mis palabras. Pues [los mortales] han decidido dar nombre a dos formas a modo de interpretación, de las cuales es necesario no una -en esto se extravían ; 8,55 las han juzgado con aspecto opuesto y les han asignado signos de modo diferente respectivamente, a una el eterno fuego de la llama, que es dulce, sumamente leve, igual por doquier a si misma, pero distinta a la vez de la otra ; pero por el contrario, esta es por sí misma lo opuesto, noche oscura, cuerpo pesado y espeso. 8,60 El orden de todas las cosas verosímiles te revelo para que nunca te aventaje ninguna interpretación de los mortales. 9,1 Pero, puesto que todas las cosas han sido nombradas Luz y Noche, estas y aquellas conforme a sus potencias. Todo esta lleno conjuntamente de luz y noche sombría, ambas iguales, pues nada hay entre una y la otra. 10,1 Conocerás la naturaleza del éter, todos los signos que se hallan en él y la acción aniquiladora de la pura antorcha del brillante Sol y de dónde provienen ; averiguarás las acciones, el movimiento circular de la Luna de ojo redondo y su naturaleza.; sabrás también el cielo que todo lo circunda de dónde proviene y cómo la Necesidad que lo rige lo encadenó, manteniendo los limites de los astros. 11,1 Cómo la Tierra y el Sol y la Luna y el éter común a todos y la celeste Vía Láctea y el Olimpo remoto y la fuerza ardiente de los astros se lanzan hacia su nacimiento. 12,1 Las [coronas] más estrechas están llenas de fuego puro, las que vienen después, de noche ; pero en medio se proyecta una parte de fuego, En el centro de éstos la divinidad que todo lo gobierna. Pues en todo es el principio del odioso nacimiento y de la unión, 12,5 impulsando a la hembra a unirse al macho y, contrariamente, al macho a la hembra. 13,1 El primero de todos los dioses es Eros, por ella concebida. 14,1 Brilla por la noche errante en torno a la Tierra con luz prestada. 15,1 Siempre mirando hacia los rayos del Sol. 16,1 Según como es la composición en todo momento de los órganos engañosos, así se presenta el pensamiento a los hombres. Pues lo mismo es lo que piensa y la naturaleza del pensamiento, en todos y cada uno de ellos. Porque lo más abundante constituye el pensamiento. 17,1 Los muchachos a la derecha, las muchachas a la izquierda. 18,1 Cuando el hombre y la mujer mezclan a la vez las simientes del amor, la fuerza que informa en las venas a partir de sangres opuestas modela cuerpos bien constituidos si guarda un justo comportamiento. Pues si las fuerzas luchan, habiéndose mezclado las simientes, 18,5 y no se avienen en el cuerpo formado por la mezcla, funestas vejarán por su doble simiente el sexo del que nace. 19,1 Así según la opinión, estas cosas han nacido y son ahora, y después, pasado el tiempo, crecerán y morirán. Los hombres han decidido para cada una un nombre determinado.
ACTIVIDAD
Realice u n resumen de lo que le parezca más importante en el texto.
Identifique cuáles son las principales características del ser y del pensar.
Mencione cuáles son las vías para acceder al conocimiento según el poema.
Haga un listado de las características de la verdad según el poema de Parménides.
Según lo que ha consultado, cuál es la diferencia de la filosofía de Parménides en relación con la de otros filósofos presocráticos.
Qué significado cree que tiene la luz dentro del poema.
Según el poema, qué relación es posible establecer entre la razón y los sentidos.
De acuerdo con el poema, dé una definición de filosofía.
¿Por qué ser y pensar es lo mismo? Haga un listado de palabras desconocidas y busque su definición.
TALLER DE ÉTICA PARA GRADOS DÉCIMO
sábado, 12 de marzo de 2011
UNIDAD TEMÁTICA FILOSOFÍA Y GUÍA UNO GRADO DÉCIMO, PRIMER TRIMESTRE DE 2011
En los links que aparecen resaltados a continuación, podrán tener acceso a la unidad temática del primer trimestre de 2011 y a la guía de trabajo número uno. Una vez hagan click en los títulos resaltados, podrán descargar los documentos haciendo click nuevamente en la opción Download (.doc) en la plataforma a la que los conducirá el hipervínculo.UNIDAD TEMÁTICA Y GUÍA DE TRABAJO NÚMERO UNO GRADO UNDÉCIMO PRIMER TRIMESTRE DE 2011
Haciendo click en cada uno de los ítems señalados a continuación, podrán descargar la unidad temática y la guía de trabajo número uno correspondiente al primer trimestre de 2011. Para descargar el documento e imprimirlo, hagan click en el botón Download (.doc), que aparecerá en la página a la que los lleva el hipervínculo.LECTURA GRADO DÉCIMO SEMANA 14 A 18 DE MARZO

LECTURA JOHN LOCKE. SEMANA 14 A 18 DE MARZO. GRUPO 2
La exposición de esta lectura está a cargo del grupo dos, conformado por: Nancy Dominguez, Wendy Tovar y Leidy Piravaguen. Los demás estudiantes deben realizar un ensayo de una página en el que expliquen importancia de las ideas, cómo llegan a nosotros las ideas, qué tipos de ideas poseemos; para reforzar la propuesta de cada uno, deben ayudarse con citas tomadas de la lectura de John Locke. Se tendrán en cuenta para la nota: redacción, ortografía, buen uso de citas extractadas del texto.Libro II, Capítulo 1. De las ideas en general y de su origen
§ 2.
Todas las ideas vienen de la sensación o de la reflexión. Supongamos, entonces, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpio de toda inscripción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega a tenerlas? ¿De dónde se hace la mente con ese prodigioso cúmulo, que la activa e ilimitada imaginación del hombre ha pintado en ella, en una variedad casi infinita? ¿De dónde saca todo ese material de la razón y del conocimiento? A esto contesto con una sola palabra: de la experiencia; he allí el fundamento de todo nuestro conocimiento, y de allí es de donde en última instancia se deriva. Las observaciones que hacemos acerca de los objetos sensibles externos o acerca de las operaciones internas de nuestra mente, que percibimos, y sobre las cuales reflexionamos nosotros mismos, es lo que provee a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar. Esta son las dos fuentes del conocimiento de donde dimanan todas las ideas que tenemos o que podamos naturalmente tener.
§ 3.
Los objetos de la sensación, uno de los orígenes de las ideas. En primer lugar, nuestros sentidos, que tienen trato con objetos sensibles particulares, transmiten respectivas y distintas percepciones de cosas a la mente, según los variados modos en que esos objetos los afectan, y es así como llegamos a poseer esas ideas que tenemos del amarillo, del blanco, del calor, del frío, de lo blando, de lo duro, de lo amargo, de lo dulce, y de todas aquellas que llamamos cualidades sensibles. Cuando digo que eso es lo que los sentidos transmiten a la mente, quiero decir que ellos transmiten desde los objetos externos a la mente lo que en ella produce aquellas percepciones. A esta gran fuente que origina el mayor número de las ideas que tenemos, puesto que dependen totalmente de nuestros sentidos y de ellos son transmitidas al entendimiento, la llamo sensación.
§ 4.
Las operaciones de nuestra mente, el otro origen de las ideas. Pero, en segundo lugar, la otra fuente de donde la experiencia provee de ideas al entendimiento es la percepción de las operaciones interiores de nuestra propia mente al estar ocupada en las ideas que tiene; las cuales operaciones, cuando el alma reflexiona sobre ellas y las considera, proveen al entendimiento de otra serie de ideas que no podrían haberse derivado de cosas externas: tales son las ideas de percepción, de pensar, de dudar, de creer, de razonar, de conocer, de querer y de todas las diferentes actividades de nuestras propias mentes, de las cuales, puesto que tenemos de ellas conciencia y podemos observarlas en nosotros mismos, recibimos en nuestro entendimiento ideas tan distintas como recibimos de los cuerpos que afectan a nuestros sentidos. Esta fuente de ideas la tiene todo hombre en sí mismo, y aunque no es un sentido, ya que no tiene nada que ver con objetos externos, con todo se parece mucho y puede llamársele con propiedad sentido interno. Pero, así como a la otra la llamé sensación, a ésta la llamo reflexión, porque las ideas que ofrece son sólo aquellas que la mente consigue al reflexionar sobre sus propias operaciones dentro de sí misma. Por lo tanto, en lo que sigue de este discurso, quiero que se entienda por reflexión esa advertencia que hace la mente de sus propias operaciones y de los modos de ellas, y en razón de los cuales llega el entendimiento a tener ideas acerca de tales operaciones. Estas dos fuentes, digo, a saber: las cosas externas materiales, como objetos de sensación, y las operaciones internas de nuestra propia mente, como objetos de reflexión, son, para mí, los únicos orígenes de donde todas nuestras ideas proceden inicialmente. Aquí empleo el término “operaciones” en un sentido amplio para significar, no tan sólo las acciones de la mente respecto a sus ideas, sino ciertas pasiones que algunas veces surgen de ellas, tales como la satisfacción o el desasosiego que cualquier idea pueda provocar.
§ 5.
Todas nuestras ideas son o de la una o de la otra clase. Me parece que el entendimiento no tiene el menor vislumbre de alguna idea que no sea de las que recibe de unos de esos dos orígenes. Los objetos externos proveen a la mente de ideas de cualidades sensibles, que son todas esas diferentes percepciones que producen en nosotros: y la mente provee al entendimiento con ideas de sus propias operaciones. Si hacemos una revisión completa de todas estas ideas y de sus distintos modos, combinaciones y relaciones, veremos que contienen toda la suma de nuestras ideas, y que nada tenemos en la mente que no proceda de una de esas dos vías. Examine cualquiera sus propios pensamientos y hurgue a fondo en su propio entendimiento, y que me diga, después, si todas las ideas originales que tiene allí no son de las que corresponden a objetos de sus sentidos, o a operaciones de su mente, consideradas como objetos de su reflexión. Por más grande que se imagine el cúmulo de los conocimientos alojados allí, verá, si lo considera con rigor, que en su mente no hay más ideas que las que han sido impresas por conducto de una de esas dos vías, aunque, quizá, combinadas y ampliadas por el entendimiento con una variedad infinita, como veremos más adelante.
J. Locke: Ensayo sobre el entendimiento humano. Fondo de Cultura Económica.
Libro II, Capítulo 12. De las ideas complejas
§ 1.
Son las que la mente compone de ideas simples. Hasta aquí hemos considerado aquellas ideas para cuya recepción la mente es sólo pasiva, es decir, aquellas ideas simples que recibe por las vías de la sensación y de la reflexión, antes mencionadas, de manera que la mente no puede producir por sí sola una de esas ideas, ni tampoco puede tener ninguna idea que no consista enteramente en ellas. Pero aunque es cierto que la mente es completamente pasiva en la recepción de todas sus ideas simples, también es cierto que ejerce varios actos propios por los cuales forma otras ideas, compuestas de sus ideas simples, las cuales son como los materiales y fundamento de todas las demás. Los actos de la mente por los cuales ejerce su poder sobre sus ideas simples son principalmente estos tres:
1. Combinar varias ideas simples en una idea compuesta; así es como se hacen todas las ideas complejas.2. El segundo consiste en juntar dos ideas, ya sean simples o complejas, para ponerlas una cerca de la otra, de tal manera que pueda verlas a la vez sin combinarlas en una; es así como la mente obtiene todas sus ideas de relaciones.3. El tercero consiste en separarlas de todas las demás ideas que las acompañan en su existencia real; esta operación se llama abstracción, y es así como la mente hace todas sus ideas generales. Todo esto muestra cuál es el poder del hombre, y que su modo de operar es más o menos el mismo en los mundos material e intelectual. Porque en ambos casos los materiales de que dispone son tales que el hombre no tiene poder sobre ellos, ni para fabricarlos, ni para destruirlos; cuanto puede hacer el hombre es, o bien unirlos, o bien colocar uno junto al otro, o bien separarlos completamente. Comenzaré aquí con la primera operación, visto el propósito que tengo de estudiar las ideas complejas, y pasaré a examinar las otras dos en el sitio que les corresponde. Así como se observa que las ideas simples existen unidas en diversas combinaciones, así la mente tiene el poder de considerar a varias ideas unidas, como una sola idea, y eso es así no sólo según se dan unidas en los objetos externos, sino según ella misma las ha unido. A las ideas así hechas de varias ideas simples unidas las llamo ideas complejas. Tales son belleza, gratitud, un hombre, un ejército, el universo. Y aunque son compuestas de varias ideas simples, o de ideas complejas formadas de ideas simples, sin embargo, cuando la mente quiere, las considera a cada una, en sí misma, como una cosa entera significada por un nombre.
§ 2.
Las ideas complejas se hacen a voluntad. Por esta facultad de repetir y unir sus ideas, la mente tienen un gran poder en variar y en multiplicar los objetos de sus pensamientos, infinitamente más allá de lo que le proporcionan la sensación y la reflexión. Pero todo esto no se sale de las ideas simples que la mente recibe de esas dos fuentes, ideas que son, en definitiva, los materiales de todas las composiciones que haga. Porque las ideas simples provienen todas de las cosas mismas, y de esa clase de ideas la mente no puede tener ni más ni otras que las que le son sugeridas. No puede tener otras ideas de las cualidades sensibles fuera de las que le llegan del exterior por los sentidos, ni ninguna otra idea de distintas especies de operaciones de una substancia pensante, que no sean las que encuentra en sí misma. Empero, una vez que la mente tiene ya esas ideas simples, no queda reducida a la mera observación y a lo que se presenta del exterior; puede, por su propio poder, unir esas ideas que ya tiene, y producir nuevas ideas complejas, que jamás recibió así formadas.
§ 3.
Las ideas complejas son modos, substancias o relaciones. Cualquiera que sea la manera como las ideas complejas se componen y descomponen, y aun cuando su número sea infinito, y no tenga término la variedad con que llenan y ocupan los pensamientos de los hombres, sin embargo me parece que pueden comprenderse todas dentro de estos tres capítulos:1) Los modos.2) Las substancias.3) Las relaciones.
§ 4.
Los modos. Primero, llamo modos a esas ideas complejas que, cualquiera que sea su combinación, no contengan en sí el supuesto de que subsisten por sí mismas, sino que se las considera como dependencias o afecciones de las substancias. Tales son las ideas significadas por las palabras triángulo, gratitud, asesinato, etc. Y si empleo la palabra modo en un sentido un tanto diferente de su significación habitual, pido perdón; pero es que resulta inevitable en las disertaciones que se desvían de las nociones comúnmente recibidas, ya sea fabricar palabras nuevas, ya usar palabras viejas con una significación un tanto nueva, y este último expediente es quizá el más tolerable para el presente caso.
§ 5.
Modos simples y mixtos. Hay dos clases de estos modos que merecen consideración separada. Primero, hay algunos que sólo son variaciones o combinaciones diferentes de una y la misma idea simple, sin mezcla de ninguna otra. Por ejemplo, una docena, una veintena, que no son sino las ideas de otras tantas unidades distintas que han sido sumadas, y a éstas llamo modos simples, en cuanto que quedan contenidas dentro de los límites de una idea simple. Pero, segundo, hay algunos otros compuestos de ideas simples de diversas especies, que han sido unidas para producir una sola idea compleja; por ejemplo, la belleza, que consiste en una cierta composición de color y forma que produce gozo en el espectador, y el robo, que siendo la oculta mudanza de la posesión de alguna cosa, sin que medie el consentimiento de su dueño, contiene, como es patente, una combinación de varias ideas de diversas clases; y a éstos llamo modos mixtos.
§ 6.
Substancias singulares o colectivas. Segundo, las ideas de las substancias son aquellas combinaciones de ideas simples que se supone representan distintas cosas particulares que subsisten por sí mismas, en las cuales la supuesta o confusa idea de substancia, tal como es, aparece siempre como la primera y principal. Así, si a la substancia se une la idea simple de un cierto color blanquecino apagado, con ciertos grados de pesantez, de dureza, de ductilidad y de fusibilidad, tenemos la idea del plomo; y una combinación de las ideas de una cierta forma, con los poderes de moverse, pensar y razonar, unidas a la de substancia, produce la idea común de un hombre. Ahora bien, también de las substancias hay dos clases de ideas: la una, de substancias singulares, según existen separadas, como de un hombre o una oveja; la otra, de varias substancias reunidas, como un ejército de hombres, o un rebaño de ovejas; las cuales ideas colectivas de varias substancias así reunidas, son, cada una, tan una sola idea como lo es la de un hombre o de una unidad.
§ 7.
La relación. Tercero, la última especie de ideas complejas es la que llamamos relación, que consiste en la consideración y comparación de una idea con otra. Trataremos por su orden de estas tres especies de ideas.
§ 8.
Las ideas más abstrusas proceden de las dos fuentes: la sensación o la reflexión. Si seguimos paso a paso el progreso de nuestra mente, y si observamos con atención cómo repite, suma y une las ideas simples que ha recibido de la sensación o de la reflexión, nos veremos conducidos más allá de donde en un principio, quizá, podríamos habernos imaginado. Y si observamos cuidadosamente los orígenes de las nociones que tenemos, encontraremos, así lo creo, que ni siquiera las ideas más abstrusas, por más alejadas que puedan parecer de la sensación o de cualquiera operación de nuestra propia mente no son, sin embargo, sino ideas que el entendimiento forma para sí mismo, repitiendo y uniendo ideas que ha recibido, ya de los objetos sensibles, ya de sus propias operaciones acerca de esas ideas.
8.1De tal suerte que aun las ideas más amplias y más abstractas proceden de la sensación o de la reflexión, ya que no son sino lo que la mente, por el uso común de sus propias facultades ocupadas en las ideas recibidas de los objetos sensibles, o de las operaciones que acerca de ellas observa en sí misma, puede alcanzar y de hecho alcanza. Esto es lo que intentaré mostrar respecto de las ideas que tenemos del espacio, del tiempo, y de la infinitud, y de algunas otras que parecen las más remotas de aquellos dos orígenes.
J. Locke: Ensayo sobre el entendimiento humano. Fondo de Cultura Económica.
domingo, 27 de febrero de 2011
LECTURA GRADO UNDÉCIMO SEMANA 28 A 4 DE MARZO. MEDITACIONES METAFÍSICAS
De acuerdo con lo establecido en clase, el grupo número 1 se hará cargo de la exposición del texto. Es indispensable una presentación creativa y que recoja las principales ideas, problemas y planteamientos presentes en el texto. Los demás estudiantes deben realizar una reseña de la meditación primera, en la que identificarán: objetivo del autor, tesis, argumentos principales que desarrollan y sustentan esa tesis y un escrito de media página en el que expongan en qué están de acuerdo y qué le critican al texto. El texto que deben leer abarca las páginas 12-21 del archivo PDF.GRADO DÉCIMO. LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA. SEMANA 28 A 4 DE MARZO

- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.
Según la versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)





