
ACTIVIDAD GRADO UNDÉCIMO
Realizar una reseña reconstructiva del siguiente texto, con las indicaciones que aparecen al final.
LA CAPACIDAD INNOVADORA DEL SER HUMANO
Se abren infinitas posibilidades ante la inteligencia. Por seguir con los animales, estos tienen limitado el número de opciones, de conocimientos, de tipos de conocimientos que pueden adquirir. Por poner un símil informático, digamos que conocen a través de un programa que les ofrece, según los casos, dos opciones, cuatro,... Pueden llegar a algunos cientos, en los animales superiores. Pero nada más. No pueden hacer más que “pinchar” en un número limitado de ventanas.
Pero la inteligencia humana no tiene esa limitación. Puede conocer la realidad bajo ilimitados aspectos. No se encuentra con ese tipo de restricciones, pues su conocimiento es, de alguna forma, “creativo”. No conoce lo que afecta los sentidos y únicamente en la medida en que los afecta, sino que, de alguna manera, es capaz de “fabricar” lo que conoce (hemos visto que lo ilumina la abstracción a partir, eso sí, de lo que los sentidos nos suministran), y de una misma realidad sacar muchos conocimientos posibles.
De aquí proviene la capacidad del hombre de solucionar problemas. Un animal tiene ya establecidas sus opciones, sus recursos, y el modo de resolver los problemas. Si aparece un problema no previsto (un cambio de clima, un nuevo depredador), no sabe qué hacer. Sus soluciones son rígidas. Un caso claro de esta rigidez es la estrategia que siguen las ardillas para enterrar los frutos que les sobran: buscan un lugar adecuado y excavan en la tierra, hacen un agujero, depositan el alimento y lo recubren aplanándolo con sus patas delanteras. Pues bien, esa misma conducta es la que hacen cuando el suelo no es de tierra. Si una ardilla está en el interior de una casa y se le da más comida cuando ya esté saciada, repetirá la operación de excavar, aunque no podrá hacer un agujero, pues es demasiado dura. Pero a la ardilla eso le da igual: hace el gesto con sus patas de excavar (no hace el agujero), luego deposita la semilla, hace como si lo cubriera con tierra... y se va. Se puede decir que para ella ya está “oficialmente enterrada”, ha hecho lo que estaba previsto.
La inteligencia, en cambio, en la medida en que es creativa (su objeto no está ahí dado, esperando que llegue alguien y lo coja), es inventiva. En los experimentos que antes citábamos, decíamos que el animal no ve la relación tabla-hacha, porque eso es algo que no se puede ver. Cuando el hombre inventa la flecha para cazar pájaros, se puede decir que hay una “creación” (un acto de creatividad), porque el palo no dice nada de su posibilidad de ser convertido en flecha: de ahí que no sea tan fácil realizar un invento. En el caso de los animales, las cosas “están rotuladas”, llevan escritas en su exterior sus posibles utilidades: el lobo puede leer “quita el hambre” en la oveja, el alimoche “lee” las piedras como “para comer”, pues sirven para romper el huevo de avestruz; etc.
Pero al hombre las cosas le dicen muy poco (su dotación instintiva es muy débil), y más que rótulos en las cosas, lleva un rotulador, que es su inteligencia creativa: pone nombres, crea nuevas relaciones...
Por eso los animales de la misma especie hacen siempre las cosas de la misma manera (como muestra el citado experimento del alimoche). En cambio, en el caso del hombre, hay evolución en las técnicas en el modo de hacer las cosas...Precisamente por estar abierto a la realidad, el hombre está abierto al futuro. Es decir, el hombre en las cosas descubre oportunidades (y eso hace referencia al futuro). En cambio el animal sólo está abierto al presente, a lo que hay: por eso no puede descubrir oportunidades sino amenazas, ya que, en cuanto se altere la realidad “que sabe leer”, no se le ocurrirá nada nuevo (como a la ardilla), pues “carece de rotulador”: ante un cambio de la realidad, tiene que adaptar su organismo (evoluciona) o desaparecer, si el cambio que se ha producido es muy brusco. Por eso no hay una historia del animal: existe una historia de los animales, que es la sucesión de especies en la línea evolutiva, que es el relato de los animales que han dejado de “tener presente”.
En cambio el hombre es histórico, tiene historia, progresa, cambia, inventa, pues no está únicamente abierto a lo que hay, sino a lo que no hay también (a lo que aún no existe). Se puede decir que el hombre es el único animal que progresa, que no necesita evolucionar.
Por eso los genios no se pueden “programar”. Si se pudiera saber cuándo va a aparecer el que resuelva un determinado problema, el problema sería bastante sencillo: consistiría en una mera cuestión de análisis, porque la solución ya estaba ahí. Pero cuando la solución no está dada...
Pero la inteligencia humana no tiene esa limitación. Puede conocer la realidad bajo ilimitados aspectos. No se encuentra con ese tipo de restricciones, pues su conocimiento es, de alguna forma, “creativo”. No conoce lo que afecta los sentidos y únicamente en la medida en que los afecta, sino que, de alguna manera, es capaz de “fabricar” lo que conoce (hemos visto que lo ilumina la abstracción a partir, eso sí, de lo que los sentidos nos suministran), y de una misma realidad sacar muchos conocimientos posibles.
De aquí proviene la capacidad del hombre de solucionar problemas. Un animal tiene ya establecidas sus opciones, sus recursos, y el modo de resolver los problemas. Si aparece un problema no previsto (un cambio de clima, un nuevo depredador), no sabe qué hacer. Sus soluciones son rígidas. Un caso claro de esta rigidez es la estrategia que siguen las ardillas para enterrar los frutos que les sobran: buscan un lugar adecuado y excavan en la tierra, hacen un agujero, depositan el alimento y lo recubren aplanándolo con sus patas delanteras. Pues bien, esa misma conducta es la que hacen cuando el suelo no es de tierra. Si una ardilla está en el interior de una casa y se le da más comida cuando ya esté saciada, repetirá la operación de excavar, aunque no podrá hacer un agujero, pues es demasiado dura. Pero a la ardilla eso le da igual: hace el gesto con sus patas de excavar (no hace el agujero), luego deposita la semilla, hace como si lo cubriera con tierra... y se va. Se puede decir que para ella ya está “oficialmente enterrada”, ha hecho lo que estaba previsto.
La inteligencia, en cambio, en la medida en que es creativa (su objeto no está ahí dado, esperando que llegue alguien y lo coja), es inventiva. En los experimentos que antes citábamos, decíamos que el animal no ve la relación tabla-hacha, porque eso es algo que no se puede ver. Cuando el hombre inventa la flecha para cazar pájaros, se puede decir que hay una “creación” (un acto de creatividad), porque el palo no dice nada de su posibilidad de ser convertido en flecha: de ahí que no sea tan fácil realizar un invento. En el caso de los animales, las cosas “están rotuladas”, llevan escritas en su exterior sus posibles utilidades: el lobo puede leer “quita el hambre” en la oveja, el alimoche “lee” las piedras como “para comer”, pues sirven para romper el huevo de avestruz; etc.
Pero al hombre las cosas le dicen muy poco (su dotación instintiva es muy débil), y más que rótulos en las cosas, lleva un rotulador, que es su inteligencia creativa: pone nombres, crea nuevas relaciones...
Por eso los animales de la misma especie hacen siempre las cosas de la misma manera (como muestra el citado experimento del alimoche). En cambio, en el caso del hombre, hay evolución en las técnicas en el modo de hacer las cosas...Precisamente por estar abierto a la realidad, el hombre está abierto al futuro. Es decir, el hombre en las cosas descubre oportunidades (y eso hace referencia al futuro). En cambio el animal sólo está abierto al presente, a lo que hay: por eso no puede descubrir oportunidades sino amenazas, ya que, en cuanto se altere la realidad “que sabe leer”, no se le ocurrirá nada nuevo (como a la ardilla), pues “carece de rotulador”: ante un cambio de la realidad, tiene que adaptar su organismo (evoluciona) o desaparecer, si el cambio que se ha producido es muy brusco. Por eso no hay una historia del animal: existe una historia de los animales, que es la sucesión de especies en la línea evolutiva, que es el relato de los animales que han dejado de “tener presente”.
En cambio el hombre es histórico, tiene historia, progresa, cambia, inventa, pues no está únicamente abierto a lo que hay, sino a lo que no hay también (a lo que aún no existe). Se puede decir que el hombre es el único animal que progresa, que no necesita evolucionar.
Por eso los genios no se pueden “programar”. Si se pudiera saber cuándo va a aparecer el que resuelva un determinado problema, el problema sería bastante sencillo: consistiría en una mera cuestión de análisis, porque la solución ya estaba ahí. Pero cuando la solución no está dada...
¿Cómo realizar la reseña reconstructiva?
Identifique:
El Objetivo
El objetivo es la meta general que el texto se propone alcanzar. Su formulación suele estar asociada al uso de un verbo en infinitivo (por ejemplo: entender, aclarar, argumentar, explicar, explorar, convencer, indagar, precisar, investigar, etc).
El objetivo indica el debate amplio en el cual se enmarca el texto. Por eso, no se limite a decir que el objetivo de un texto es demostrar la tesis central. Si bien esto es cierto, pierde de vista el objetivo central del autor. En Sobre las revoluciones de los orbes celestes, Copérnico no pretendía simplemente demostrar la tesis: “La tierra gira alrededor del sol”; quería explicar racionalmente el funcionamiento del cosmos. Cuando identifique el objetivo de un texto, fíjese entonces que la formulación haga explícito el debate amplio en el cual su autor participa.
La Tesis Central
Una tesis es una afirmación que puede ser probada o refutada. Su formulación corresponde siempre a una frase que describe o explica un estado de cosas y que, por lo tanto, es susceptible de ser verdadera o falsa. Si no cumple esta condición, no es una tesis. Justamente porque su validez está en juego, toda tesis requiere una argumentación que la pruebe o la refute. La tesis central es la afirmación principal que el autor quiere probar o refutar a lo largo del texto.
Como los textos suelen tener diferentes tesis articuladas entre sí, para identificar la tesis central hace falta distinguirla de las tesis subordinadas. Estas últimas son todas aquellas tesis que sólo contribuyen de manera parcial o secundaria a la demostración o refutación de la tesis central. Antes de escribir la reseña haga una lista de las diferentes tesis planteadas en el texto y establezca cuál de ellas recoge los aportes de las demás y sintetiza la idea clave que el texto quiere transmitir; con ello habrá identificado la tesis central.
Los Argumentos
Los argumentos son las razones que el autor esgrime para demostrar su tesis. En la reseña no se enumeran todos los argumentos del texto; basta con identificar los argumentos principales (aquellos que prueban o refutan la tesis central) y señalar el hilo conductor que los articula. Es frecuente que el objetivo y la tesis central no sean formulados explícitamente por el autor del texto (esto sucede casi siempre en los textos literarios). En estos casos, examine los argumentos principales y pregúntese: ¿qué pretenden demostrar? ¿A qué fin se orientan? Analice también el título del texto, ya que éste ofrece claves importantes. Estas estrategias le facilitarán el trabajo de deducir el objetivo y la tesis central implícitos en el texto.
La reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis propia
La comprensión de un texto no se agota en entender lo que quiere decir y cómo lo dice: es igualmente importante precisar las inquietudes, problemas y horizontes de trabajo que surgen a partir de la lectura. Esto se logra haciendo una evaluación crítica del texto. En la reconstrucción del camino que conduce a la pregunta o hipótesis Ud. pone por escrito su evaluación del texto y muestra cómo de ella se deriva una pregunta o hipótesis propia relevante.
La pregunta o hipótesis es relevante si ilumina los vacíos e insuficiencias del texto o si explora sus aciertos desde un punto de vista no desarrollado o no previsto por el autor. Esto implica que las preguntas o hipótesis no surgen de la nada. Cuando preguntamos algo es porque tenemos razones que motivan la pregunta; cuando formulamos una hipótesis es porque existen razones para creer en su plausibilidad. Por eso en esta parte de la reseña no basta con formular la pregunta o hipótesis; es preciso explicarle al lector las razones que sustentan la formulación. Raras veces una buena hipótesis o pregunta propia se nutre de la lectura de un solo texto. Recuerde que los textos son complejos y están conectados con la realidad, que es más compleja aún. Por eso es esencial que, además del texto asignado, consulte otros textos y acuda a otras fuentes que amplíen su visión del asunto.
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